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Parvovirosis canina

Parvovirosis canina
Parvovirosis canina

 A veces se tiene que echar una mano a la madre naturaleza y, a través de las vacunas, “enseñar” a las defensas del organismo a “luchar” contra los virus del ambiente. Si un animal está correctamente vacunado, aunque le ataque el virus la enfermedad que desarrolle será mucho más leve. Este tipo de virus se clasifica en las cepas parvovirus CPV1 y CPV2, este último con las variantes CPV2a, CPV2b y CPV2c. Este virus se transmite por vía oral. La convivencia estrecha entre perros favorece la diseminación del parvovirus entre unos animales y otros.

La primera de las cepas citadas se descubrió en 1967 y afectaba exclusivamente a los cachorros recién nacidos. La segunda cepa, que es actualmente la más conocida y extendida, se observó por primera vez en 1978 en EE. UU., Europa y Australia, aunque rápidamente se extendió por todo el mundo. La CPV2 representa una gran amenaza para las mascotas debido a su gran resistencia en el medio ambiente. Curiosamente, esta segunda cepa se piensa que pudo tener su origen en la mutación de un virus felino (virus de la panleucopenia felina) y a través de los zorros llegó a la especie canina.
Aunque el virus de la panleucopenia felina no ha sido registrado hasta el momento en los perros, el parvovirus sí ha sido aislado en distintas ocasiones como desencadenante de la patología en los gatos.

Cómo se transmite
Este virus se transmite por vía oral. La convivencia estrecha entre perros favorece la diseminación del parvovirus entre unos animales y otros. Una vez que el virus accede al interior del organismo del perro, principalmente se dirige hacia las células de la mucosa intestinal, donde desencadena su potencial virulento y provoca un cuadro clínico de gastroenteritis aguda. Este virus también puede afectar al sistema linfático o sistema cardiovascular del paciente.

¿Cómo detectarlo?
Suele ser muy indicativo de parvovirosis cuando de repente un cachorro comienza a manifestar una sintomatología digestiva:
-Apatía.
-Pérdida de apetito.
-Náuseas.
-Vómitos.
-Heces blandas.
- Diarrea.


Finalmente, la diarrea suele ser muy líquida y en muchas ocasiones sanguinolenta.


Esta enfermedad evoluciona rápidamente y puede llegar a provocar el shock y la muerte del paciente.
Cuando se da un caso agudo de parvovirosis el pronóstico es muy variable, pero para incrementar las posibilidades de mejora es necesario un tratamiento intensivo y muchas veces la hospitalización.
A pesar de que es muy frecuente entre los cachorros, otros animales adultos también pueden sufrir esta enfermedad.

Ningún individuo de la especie canina está completamente a salvo de contraer este virus, y menos aún si no está correctamente inmunizado con las vacunas.


Uno de los aspectos más descorazonadores de este virus es que afecta sobre todo a cachorros menores de 6 meses, y en general a animales inmunodeprimidos. Normalmente, los casos más graves de esta enfermedad se dan en cachorros recién adquiridos y que no han comenzado el protocolo de vacunación o no se ha completado correctamente. Los cachorros son individuos bastante débiles porque su sistema inmunitario no está completamente desarrollado; a esto hay que añadir que en el momento que son adquiridos por sus propietarios definitivos dejan de estar con sus madres y camadas, lo que les supone un momento de estrés que también debilita sus defensas internas. Además, en muchas ocasiones al adquirir un nuevo cachorro no se sabe realmente cuál es su estado de salud previo o el de sus progenitores y hermanos.

Razas con predisposición
Existen algunas razas de perros que son más susceptibles de padecer este virus, como Rottweiler, Doberman Pinscher, Springer Spaniel Inglés, American Pit Bull Terrier o Labrador Retriever negro, principalmente.

Factores de riesgo
-Los perros que viven o han vivido recientemente en congregaciones caninas (refugios, tiendas de mascotas, criaderos, exposiciones, etc.) son más susceptibles de contagiarse con el virus.
-El hacinamiento y la falta de salubridad a la que puedan estar sometidos los perros reducen las posibilidades de una inmunización correcta, por lo que aumenta la posibilidad de padecer la enfermedad.
-Los cachorros de menos de 6 meses de vida tienen un elevado riesgo de infección grave.
-La coexistencia en un mismo individuo de parásitos e infecciones bacterianas o de otros virus provocan un aumento del riesgo y empeoran el pronóstico de la enfermedad.

Cómo tratar al enfermo
Una vez que se confirma el diagnóstico de parvovirosis, normalmente gracias a un análisis, todos los esfuerzos se dirigen a paliar los síntomas de la gastroenteritis aguda.
Los objetivos principales del tratamiento son:
-Rehidratar al paciente para recuperar los líquidos perdidos a través de vómitos y diarreas. Para ello se administra suero, y se complementa si es necesario con vitaminas o cualquier otro elemento que requiera el paciente.
-Proteger la mucosa y el tubo digestivo con fármacos específicos: protectores gástricos, antieméticos, antidiarreicos, etc.
-Administrar antibióticos para combatir las infecciones secundarias.
La mejor forma de prevenir las fatales consecuencias de esta enfermedad es seguir un correcto protocolo de vacunación en la mascota desde su etapa de cachorro, evitar en la medida de lo posible el hacinamiento de animales y mantener unas buenas condiciones de salubridad básicas.