Agresividad felina

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Agresividad felina

La agresividad de los gatos es el segundo de los problemas de comportamiento felino. En primer lugar estarían los comportamientos higiénicos incorrectos.

Un gato agresivo es un animal que entraña un cierto peligro, para compartir con él nuestro hogar. Los problemas de agresividad pueden variar, desde un gato que intenta interaccionar lo mínimo con los integrantes de la familia, o que bufa al aproximarnos a él, hasta aquel que ataca de forma directa y violenta a las personas. Esta conducta puede ser generalizada o mostrarse selectiva ante uno o más de los integrantes del núcleo familiar, o bien con las visitas que entren en nuestra vivienda.

La forma de agresión más frecuente, es la que se produce durante el juego. Podríamos considerarla “normal” en los gatitos y gatos jóvenes. En general, suelen ser “leves”, pero si no se les da suficiente importancia o, peor aún, se refuerza ese comportamiento con juegos cada vez más violentos, puede conducir a agresiones graves en un futuro.

Acudiremos al profesional si el juego del gato se dirige a la cara de algún miembro de la familia, especialmente a los niños; si los mordiscos o los arañazos son graves; y si los ataques no se inhiben, a pesar de nuestros intentos por evitarlos.

La agresión durante el juego se previene de forma eficaz, siempre y cuando el gato haya disfrutado el tiempo suficiente a su madre y hermanos, si es socializado de forma correcta con el ser humano, y si se le proporciona ejercicio y juegos adecuados.

En demasiadas ocasiones las manifestaciones agresivas del gato no son tomadas en suficiente consideración por los propietarios, principalmente cuando son de baja intensidad.

Debemos tener muy presente que cualquier tipo de agresividad felina debería ser analizada por un veterinario especializado en comportamiento animal. Antes de entrar a valorar un problema de comportamiento puro, hay que descartar enfermedades que puedan ser la única causa del problema, como cualquier patología del animal que curse con dolor. Estas pueden, por si mismas, provocar manifestaciones agresivas.

La información detallada del caso por parte del propietario, unida al estudio completo de la salud del animal, permitirá un diagnóstico acertado.