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El mejor amigo de los niños

No descubrimos nada nuevo si decimos que existe una gran relación entre el hombre y el perro. Tampoco descubrimos nada si hablamos de las importantes funciones que ha desarrollado tan singular animal en las distintas sociedades y culturas a lo largo de su ancestral historia. Pero quizás encontremos alguna interesante novedad, si ahondamos en una de las relaciones más bellas y especiales del ser humano con el perro: la de éste con los niños.

Los más pequeños del hogar, experimentan un torrente de sensaciones cuando ven, piensan, o se les habla de un animal, y más concretamente de un perro. Esta especial sensibilidad puede provocar que pongan en marcha su arsenal de estrategias para conseguir uno. Pero... ¿es realmente bueno que un niño tenga un perro? ¿cómo afecta esa relación a sus preferencias futuras? Y, ¿qué problemas y ventajas puede acarrear?

Alrededor del año de edad, el niño puede apreciar la diferencia entre un peluche y un animal vivo, gracias al movimiento natural de este. Estos movimientos suelen provocar inicialmente ansiedad en el pequeño, que desaparece de forma gradual gracias al contacto continuado entre ambos.

Entre los dos y los cuatro años, empieza a cimentarse una verdadera relación: el niño busca a su nuevo e interesante amigo, juega con él, y le hace cómplice de sus sentimientos y travesuras. Desgraciadamente, es en esta época cuando suceden más accidentes. El niño se dirige de forma brusca y directa hacia el perro, propio o ajeno, y agita vigorosamente sus manos y brazos para llamar su atención. Y todo ello unido a la total incapacidad de valorar las consecuencias de sus acciones. Un niño intenta conocer y experimentar, pero no es consciente del posible daño o molestias que produce su manejo o acercamiento. El problema puede ser grave cuando a la incapacidad de valoración del niño, se suma la de algunos padres, supuestos responsables de cubrir la citada carencia infantil.

A partir de los once años de edad, el concepto de animal está totalmente determinado, y unido a un claro interés por el entorno natural. Es aquí donde se establece la base del entendimiento de los animales por parte del individuo adulto.

Eduquemos pues a los más pequeños en el conocimiento de las necesidades, en el manejo y en el respeto de sus amigos animales más cercanos. Conseguiremos adultos comprometidos, no solo en el cuidado de sus mascotas, sino con un profundo respeto hacia la naturaleza y los seres que la componen.

Nuestros hijos deben recibir información clara de lo que supone un animal de compañía en su hogar. Pero de una forma adecuada a su edad. No podemos responsabilizar plenamente a un niño de corta edad de todas las necesidades de su mascota, aunque sí debemos implicarles, en todo lo que su capacidad permita.

Un perro no sustituye a un hermano, no proporciona la educación de los padres, pero... si tienen ocasión, escuchen a los adultos que han compartido su infancia o toda su vida con perros. Esa experiencia, sin lugar a dudas, les confirmará que este entrañable animal, es el mejor amigo del niño.

 

 

Sabias que...

Cualquiera de los alimentos comerciales para perros que hay en el mercado aporta la cantidad necesaria de calcio para el animal, siempre y cuando su alimentación sea adecuada a su edad y morfología.

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