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Cucarachas

De todas las especies animales, sin duda las menos queridas son aquellas que llegan a convertirse en plagas urbanas, como las cucarachas.

Se pueden considerar unos fósiles vivientes, pues están en la Tierra desde hace 300 millones de años, manteniendo un aspecto muy similar al de sus predecesoras. Se han identificado unas 3.500 especies, la mayoría de origen tropical y vida en exteriores. En esos ecosistemas desempeñan funciones básicas, como la degradación de la materia orgánica, y servir de alimento a especies superiores. Su gran capacidad de adaptación les ha permitido colonizar nuestras ciudades, donde han proliferado hasta parasitarnos con tal éxito, que difícilmente podremos librarnos de ellas. De su adaptabilidad y potencial de expansión da idea el que se capturarse una de ellas en el interior de la nave Apolo XII, en su viaje de regreso a la tierra desde la luna.

En España, sólo tres especies se encargan de invadir nuestros hogares. La cucaracha americana o voladora, que es de coloración pardo-rojiza, y mide casi 4 centímetros. La alemana o rubia, la más pequeña, llega hasta el centímetro y medio, y es la de mayor distribución en locales como restaurantes y almacenes. Y la cucaracha oriental, de color café-oscuro, y dimensiones intermedias. Curiosamente algunas especies exóticas se comercializan como animales de compañía. Por ejemplo, la cucaracha silbadora de Madagascar, de tamaño considerablemente mayor a las anteriores, llamada así por el sonido que emiten cuando se aparean, y cuando se sienten amenazadas.

Estos insectos tienen una gran capacidad de resistencia, incluso a las radiaciones. Hasta el punto que fue el primer animal localizado, sin ningún daño aparente, tras la explosión nuclear de Mururoa. Son nocturnas, y viven en comunidad. Para sobrevivir necesitan calor, humedad, alimentos, y refugio. Los dos primeros condicionan enormemente su vida. En los meses fríos, la proporción de adultos será baja y con poca actividad, mientras que en épocas más cálidas se produce un gran incremento de su número.

Pueden comer pegamentos, resinas, sustancias en putrefacción, ropa, cabello, cuero, papel. Pero les atraen especialmente los restos de alimentos. Son capaces de alimentarse prácticamente de todo material o elemento a su alcance. Los adultos pueden vivir un mes sin beber, y dos sin tomar alimentos. La capacidad de supervivencia de las cucarachas es sencillamente asombrosa. Están en la Tierra desde mucho antes que nosotros, y seguramente, cuando desaparezcamos como especie, ellas seguirán aquí.
Entre los daños que pueden causar, está el transporte pasivo y diseminación de gérmenes patógenos, que adquieren por contacto con materias contaminadas. En las pisadas de cucaracha se han encontrado incluso cepas de salmonela. Además, en su tubo digestivo se pueden hallar diversos agentes infecciosos que se eliminan con sus heces. Éstas se convierten así en otra forma de vehicularlos. Por otra parte, estos insectos constituyen uno de los causantes de asma alérgico más frecuentes.
Al margen de estos riesgos sanitarios, tienen en su contra la generalizada repulsión que producen en la mayoría de las personas. De ahí los esfuerzos para eliminarlas, tanto de particulares, como de ayuntamientos, que hacen campañas de desinsectación en la red de alcantarillado. Pero los intentos de erradicación a gran escala han resultado siempre ineficaces, al colonizar de nuevo los lugares donde se aplican ejemplares procedentes de zonas no tratadas.

La lucha contra estos insectos debe siempre combinar medidas de control con medidas preventivas. Para las primeras podemos utilizar insecticidas y trampas pegajosas con cebo hormonal o alimenticio. Pero las resistencias que ofrecen estos insectos al tratamiento con plaguicidas, obliga a no basarnos sólo en la lucha química y, en éste caso, alternar en lo posible los productos utilizados.
Si tiene que recurrir a los insecticidas, no utilice nunca productos sin registro para uso doméstico, y lea detenidamente el contenido de las etiquetas antes de su utilización. Tampoco deje los envases al alcance de los niños, ni cambie el contenido de recipiente, para evitar que pueda ser confundido con algún alimento.
En cuanto a las acciones preventivas, son fundamentales para evitar reinfestaciones. La más crítica de todas es impedirles el acceso, con el sellado de fisuras, huecos y cámaras de aire, y con la protección de registros, desagües y rejillas. También cuidaremos que no haya zonas con humedad o agua acumulada, el aislamiento de basuras, y la eliminación de restos de comida. Los alimentos se almacenarán de forma que no puedan acceder a ellos, y cocinas, baños y servicios higiénicos, se limpiarán de forma exhaustiva.
Aunque erradicarlas es casi utópico, con todas estas medidas sí es posible librarnos de ellas, en un espacio concreto como nuestro hogar o negocio.


 

Sabias que...

Se estima que al año se consumen aproximadamente unas 14.000 toneladas de caracoles en España.

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