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Plaguicidas

Por diversas circunstancias los riesgos para la salud de los alimentos de origen animal son muy conocidos y divulgados. Tanto, que podría llevar a pensar que los de origen vegetal son más seguros, o que incluso no están implicados en problemas de salud pública. Pero esto no es así, también tienen sus riesgos, y algunos de importancia, por ejemplo, los residuos de plaguicidas.

El uso de estas sustancias está tan difundido, que su presencia en productos alimenticios parece inevitable. Aunque la agricultura orgánica tiene un peso creciente, la realidad es que las prácticas agrícolas que permiten la producción masiva de vegetales, se sustentan en el uso generalizado de productos químicos. También es cierto que la industria evoluciona y que busca sustancias efectivas que no planteen problemas de salud a largo plazo para los consumidores. Sin embargo, el bajo coste de algunos productos explica la persistencia de su utilización.

En los últimos tiempos ha ido creciendo la preocupación por los potenciales efectos adversos sobre la salud de los contaminantes de alta persistencia, entre los que ocupan un espacio relevante los plaguicidas organoclorados. Su marcada capacidad para integrarse en las grasas permite su acumulación en el organismo, de modo que exposiciones pequeñas pero continuas pueden resultar finalmente en una carga biológica notable. Es decir, que dependiendo de la composición de la dieta total, algunas personas podrían alcanzar niveles superiores a los deseables. Entre los efectos de dichos contaminantes persistentes, destacan su capacidad para producir cáncer, mutaciones, y alteraciones hormonales.

Otro dato a tener en cuenta es que no se conoce suficientemente el grado de exposición en la dieta total, y los niveles acumulados en las personas, salvo en estudios puntuales.

Aunque hay estudios que aportan datos al respecto. En cuanto a plaguicidas no persistentes, se cita su presencia en casi el 30% de las frutas, en el 20% de cereales y derivados, en el 11% de condimentos y especias, y en el 9% de las infusiones.

Y en cuanto a los plaguicidas persistentes, como el lindano y el endosulfan, cuya presencia tiene mayor relevancia por su carácter acumulativo y sus efectos sobre la salud, se han detectado en casi el 3% de las hortalizas, el 1% de los cereales y sus derivados.

A la vista de toda esta información, más de uno se preguntará si debe seguir consumiendo estos productos. Nuestro consejo es que por supuesto que sí, aunque dentro del marco de una dieta lo más variada posible. Como no hay alimento sin riesgos, cuanto más diversifiquemos nuestra dieta, menor será la posibilidad de tener problemas de salud por acumulación de contaminantes. En el caso concreto que nos ocupa, además tenemos la opción de los alimentos ecológicos.

 

 

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