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Comer en el avión

La seguridad de los alimentos a bordo de los aviones ha sido siempre un motivo de preocupación. Al iniciarse la aviación comercial, surge la necesidad de prestar servicios higiénicos básicos, y proporcionar alimentos cuya seguridad sea la mayor posible.

Mientras que la incorporación del baño en los aviones fue una cuestión relativamente sencilla, la alimentación del pasaje y tripulación durante los vuelos, requirió algo más de atención.

Hasta tal punto preocupa esto a los responsables de la seguridad de las compañías aéreas, que muchas de ellas obligan a que el piloto y el copiloto no coman la misma comida, y que a su vez estos coman de forma diferente a la del pasaje. El objetivo es doble: por una parte, impedir que si un alimento se encuentra en mal estado, pueda afectar a los pilotos y, por otra, que afecte a los dos a la vez.

El mayor brote de infección alimentaria en líneas aéreas tuvo lugar en la primavera de 1984, con un total de 1.000 personas afectadas entre pasajeros, pilotos y personal de cabina. El microorganismo responsable fue la Salmonella.

La constatación del peligro que suponía la distribución de alimentos sin un control exhaustivo, llevó a obligar a la aplicación de controles extremos en las empresas que las elaboran. Esto sin duda, ha llevado a una merma de la calidad de las comidas de los aviones, que las hacen inconfundibles, pero ha implicado una mejora en la seguridad.

Otra cuestión importante es el tiempo de vuelo. Para un trayecto de corta o media duración, entre una a seis horas, el principal peligro son los agentes asociados a intoxicaciones alimentarias, cuyos síntomas se inician en ese breve período. En la actualidad sin embargo, las intoxicaciones alimentarias originadas en los vuelos son prácticamente inexistentes.

En cuanto a los brotes de tipo infeccioso, y dado que la mayoría de los vuelos son de corta o media duración, raramente los síntomas aparecerán dentro del avión. Pero cuando los viajes superan claramente las 12 horas, pueden surgir con relativa facilidad en la misma aeronave. En estos casos se manifiesta primero malestar general, para posteriormente aparecer fiebre y el resto de los síntomas, dependiendo del microorganismo causante.

No obstante, lo habitual es que el proceso se desarrolle durante el día siguiente a la realización del viaje, siendo entonces difícil de precisar si el agente responsable se adquirió en el vuelo, en la zona de partida, o al llegar a destino.

Lo cierto es que hoy día, tanto las medidas adoptadas por las industrias de catering en las que se preparan estos alimentos, como el control que realizan a estas los Servicios de Inspección Veterinaria, posibilitan que se puedan consumir alimentos en los aviones con una seguridad muy alta.

 

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