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En la clínica

Acudir a una clínica veterinaria con nuestra mascota, si la urgencia no lo impide, requiere algunos pasos previos, una mínima preparación. Son cuestiones de simple lógica, pero quizá por eso, se olvidan con más frecuencia de la que puedan imaginar.

El propietario es, o mejor dicho debería ser, el principal aliado del veterinario; es el que más y mejor conoce al animal, y el que primero se da cuenta que algo no marcha bien. Por eso antes de ponernos en marcha conviene repasar algunas cuestiones sobre las que nos preguntarán: ¿qué le sucede exactamente al animal?, ¿desde cuándo?, ¿sospechamos a qué puede ser debido?

Otro detalle importante es que debemos llevar todo aquello que pueda ser útil; la cartilla de vacunación, los tratamientos que pueda estar tomando, el envase de un posible producto tóxico, incluso una muestra de heces si el animal, por ejemplo, tiene diarrea. ¡Es mejor pasarse que quedarse corto!

Ya en la clínica, lo normal es que nos encontremos con otros animales, por lo que llevaremos a nuestro perro con correa y collar, incluso con bozal si fuera necesario, y al gato en un transportín adecuado. En la sala de espera los olores de otros animales y los recuerdos de visitas anteriores, pueden provocar reacciones no esperadas.

Al llegar nuestro turno, y gracias al autoexamen que hicimos en casa, daremos respuestas claras y concretas. Aunque muchos propietarios lo pasen por alto, también es necesario colaborar en el manejo de nuestro animal cuando el veterinario va a reconocerlo, especialmente cuando haya que sujetarlo.

Tras una primera valoración, nos pueden proponer una serie de pruebas, como análisis, radiografías, o ecografías. Piense que los animales no pueden contarnos lo que les pasa, y por eso en su caso, el valor y la necesidad de estas pruebas es fundamental. Eso no quita que debemos tener claro lo que se va a hacer, e incluso preguntar cuánto nos va a costar.

Tras todo el proceso, el veterinario nos dirá cuál es la causa o cuales son sus sospechas, así como las medidas a seguir. A partir de ahí la pelota vuelve a estar en nuestro tejado, ya que el propietario es el responsable de seguirlas al pie de la letra. Pero si hay cosas que no entiende de lo que le dicen, si piensa que algo se le va a olvidar, pida que se lo expliquen una o cien veces más, o que se lo den por escrito... pero no nos vayamos de la clínica con dudas.

Si todo ha sido correcto, a partir de este momento, nuestro animal empezará a notar las bondades de los fármacos, de las dietas, de las medidas tomadas, y por supuesto, del buen hacer de su dueño.

 


 

Sabias que...

Cualquiera de los alimentos comerciales para perros que hay en el mercado aporta la cantidad necesaria de calcio para el animal, siempre y cuando su alimentación sea adecuada a su edad y morfología.

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